La piedra que lanzaron
contra mi
quedó incrustada en mi, ya para entonces,
herido pecho.
Cerré la ventana para evitarlo,
pero el frágil cristal
que yo creía tan fuerte y duradero
se rompió en mil pedazos
de llantos consumados,
consumidos
con el impacto
del único de tus besos.
(Tomado del libro Vaho en el cristal)











