Una advertencia para los socialdemócratas: Somos revolucionarios y no aceptamos limosna

La socialdemocracia siempre se ha caracterizado por permitir e incluso facilitar con sus políticas que el gran capital gane dinero de manera absolutamente escandalosa. Paralelamente, para que los perjudicados de su deshumanizada actitud (la inmensa mayoría de la población) no sufran demasiado, de vez en cuando les lanzan (pobrecitos y pobrecitas) algunas migajas. Es decir, para el grueso de la población, los socialdemócratas son única y exclusivamente repartidores de limosna.
En la mayor parte de los países del mundo hay dinero más que de sobra, en este engendro que llamamos España también. Lo que sucede es que la mayor parte de los recursos económicos están depositados en cuatro bolsillos, tras haberlos usurpados a la población obrera mediante la más humillante de las explotaciones: la del hombre por el hombre.

Unas líneas más arriba ha quedado dicho que los socialdemócratas son repartidores de limosna y, efectivamente, lo son. Cuando en un país existe la posibilidad de una repartición de los recursos existentes (incluido el monetario) de una manera muchísimo más equitativa, otorgar una ridícula cantidad de dinero mensual a las personas que no tienen dónde caerse muertos es insultarles descaradamente.
Otro ejemplo humillante es la “ayuda” que a cuenta gotas se les concede a quienes padecen la llamada pobreza energética. Y se las otorgan los que se arrogan injustificadamente ser “representantes del pueblo”, esos que cuentan para pasar el mes con pingües cantidades de dinero y privilegios con respecto a la mayoría de sus “representados” (¡Qué desfachatez!). Sí, esos que, lejos de cuestionar el sistema capitalista que provoca tanta miseria y desigualdad entre las personas, lo apuntalan con sus políticas neoliberales camufladas de “progresistas”.
Políticas proteccionistas para que nadie quede desamparado solo son aceptables en países con dificultades económicas provocadas por terceros, como es el caso de Cuba, que lleva soportando un bloqueo económico brutal desde hace casi 60 años.
Cuando las “ayudas” se otorgan en los países del llamado primer mundo, donde el dinero y los recursos corren a raudales (siempre en el cauce que conduce a los bolsillos de la oligarquía), estas se tornan, como ya hemos señalado, en un gesto humillante para el receptor.
Lo lógico es que todos tengan un sueldo que les permita vivir con dignidad y que cada uno lo gestione como mejor le parezca. Pero la socialdemocracia no lo permite. Su ADN le obliga a facilitar las escandalosas ganancias al gran capital (al que muchos de ellos pertenecen) y, de vez en cuando, “ayudan” a los damnificados de sus políticas.
Tras lo expuesto, sobra decir que la socialdemocracia es enemiga de la clase obrera. La clase explotada solo hallará su liberación mediante la revolución socialista.
Sepan los socialdemócratas que las manos de l@s revolucionari@s y obrer@s  no están hechas para pedir ni aceptar limosna.

 


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