Una demanda irrenunciable: el Sahara para los saharauis

 

Hace unos días trascendió la noticia de que el Tribunal de Apelación de Salé ratificó las condenas impuesta a 23 personas juzgadas y condenadas en 2013 —cadena perpetua para ocho de ellos—. Los hechos ocurrieron en 2010.
En noviembre de aquel año, el Sahara Occidental volvió a estar en los titulares más importantes de casi todos los medios de comunicación. Y no precisamente porque los colonos habían decidido entregar el territorio ocupado a sus dueños naturales —que es la noticia que deberíamos haber leído y escuchado hace ya muchos años, sino porque, una vez más, los gobernantes del Reino de Marruecos volvieron a dar fehacientes muestras de su deshumanizada condición. La masacre cometida por los cuerpos represivos marroquíes en el campamento de la dignidad Gdeim Izik, en El Aaiún, no puede entenderse de otra manera.

Tampoco se entiende de otra manera la indiferente y cómplice actitud de la llamada “comunidad internacional”, especialmente la del gobierno español que, por su pasado colonizador y su “traspaso” del territorio en disputa a las autoridades marroquíes y mauritanas, en vez de devolvérselo a los saharauis, debería haber jugado un papel más consecuente en ese caso; sin embargo, de manera harto vergonzosa, se inhibió por completo.
No es la primera vez que adoptaban tan miserable actitud. España tiene un fuerte compromiso histórico adquirido con los saharauis que nunca ha cumplido, que nunca se ha esforzado en cumplir. Felipe González enarboló bien alto dicho compromiso antes de ganar sus primeras elecciones, pero llegó al poder y él mismo se encargó de arriar la enarbolada bandera, enterrando su promesa solidaria en el subsuelo del olvido. Además de con “Isidoro”, su partido ha gobernado otras legislaturas en el Estado español. No añadiré nada más acerca de este siniestro personaje; tan sólo decir que, de diferentes maneras, hoy en día es un privilegiado en el Reino de Marruecos.
Lo que voy a escribir a continuación no es nada nuevo, ya que son hechos sobradamente conocidos de la historia, pero que conviene recordar, aunque sea muy brevemente, porque parece que a más de uno se le olvida y la memoria histórica sigue siendo una de las mejores armas de los oprimidos.
El Frente Popular para la Liberación de Saguía de Hamra y Río de Oro —Frente POLISARIO—, fue fundado el 10 de mayo de 1973 por El Uali Mustafá Sabed y otros compañeros. Como por la vía pacífica era impensable recuperar lo perdido, diez días después el Ejército Popular de Liberación Saharaui inició su actividad armada, y el 27 de febrero de 1976, luego de tres años de iniciada la guerra de guerrillas contra el colonialismo español, se creó la República Árabe Saharaui Democrática —RASD—. Los soldados españoles se retiraron de El Aaiún el 8 de enero de 1976, pero no se embarcaron hacia España hasta un día antes de aquel histórico hecho; y lo hicieron entregando en bandeja el territorio saharaui a Marruecos y a Mauritania. De este modo, las legítimas aspiraciones del pueblo saharaui de alcanzar la autodeterminación y la independencia quedaron truncadas [1].
Previamente, Marruecos había ocupado militarmente la capital del Sahara Occidental —reprimiendo y masacrando a la población saharaui, expoliando sus recursos y asentando a miles de sus colonos—, y el llamado “acuerdo tripartito” ya había sido firmado. Este acuerdo —ilegal, según el derecho internacional— se materializó el 14 de noviembre de 1975, y lo firmaron el gobierno español, el Reino de Marruecos y el gobierno de la República Árabe Mauritania. Aquellos “Acuerdos de Madrid”, que así también se llamaron, no sólo obvió el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui, sino que, como ya ha quedado dicho, repartió el territorio del Sahara Occidental entre Marruecos y Mauritania.
Debido a la resistencia político y militar liderada por el Frente POLISARIO, en agosto de 1979 el gobierno mauritano firmó un tratado de paz con las autoridades de la RASD. La parte del territorio que ocupaba Mauritania se lo anexionó Marruecos que, a partir de ese momento gozó con el incremento del apoyo de los Estados Unidos y de Francia.
La solución al problema del Sahara Occidental pasa inevitablemente por su descolonización, y para eso se debe celebrar un referéndum de autodeterminación, con el legítimo propósito de que el pueblo saharaui decida libremente su futuro. Esta vía la avaló la ONU, el Tribunal Internacional de Justicia, la OUA y el Movimiento de Países No Alineados, desaprobando de manera clara y contundente las pretensiones anexionistas de Marruecos.
Lamentablemente fueron necesarios quince años de guerra para que, en 1991 y con la propuesta de la ONU y la OUA, se elaborara un plan de paz que aprobaron tanto el Reino de Marruecos como el Frente POLISARIO. El objetivo final era precisamente la celebración de un referéndum de autodeterminación. Se debe aclarar que la parte saharaui cumplió con todos sus compromisos, en cuanto a la ejecución del plan se refiere. Marruecos, sin embargo, siempre dio largas a la realización de sus deberes, incluso a sus compromisos adquiridos más adelante, en los “Acuerdos de Houston”. Estos acuerdos, firmados en septiembre de 1997 y ajustados a lo resuelto por la ONU desde 1991, contemplaban la celebración del ya mencionado referéndum de autodeterminación, en 1998, sobre la base de un censo de 80.000 electores. De manera interesada e injustificada, por responsabilidad de Marruecos, fue aplazado en varias ocasiones.
Los inaceptables argumentos de la monarquía alauita para no iniciar los pasos que se había comprometido a dar se sucedieron unos a otros. Con cierta complacencia por parte de la ONU y su Consejo de Seguridad, Marruecos procuró dilatar el proceso con la tramposa intención de que miles de ciudadanos marroquíes fueran inscritos oficialmente como saharauis, para, con sus votos, obtener el triunfo en el referéndum. Pero ni aún así se atrevieron a encararlo.
A día de hoy Marruecos no quiere saber nada de autodeterminación, y sólo habla de “amplia autonomía” bajo su soberanía. Propuesta inaceptada por el Frente POLISARIO, que no renuncia a ver materializados los derechos de su pueblo.
Y por ahí anda la cosa. En ese contexto es como debe entenderse la masacre provocada 2010 en El Aaiún, en el campamento de la dignidad Gdeim Izik, por las fuerzas represivas del Reino de Marruecos y la injusta e injustificada condena aplicada a los 23 procesados.
A pesar de que la insultante “indiferencia” de la “comunidad internacional” les ampara, las autoridades marroquíes se saben políticamente perdidas. Por eso recurren a la fuerza militar, porque la fuerza moral, mucho más poderosa, si alguna vez la tuvieron, ya no les queda. Lamentablemente, esa fuerza provoca y seguirá provocando sufrimiento al pueblo saharaui, pero, paradójicamente, descubre también ante los ojos del mundo la creciente debilidad marroquí que tarde o temprano quedará reducida a aplastante derrota.

 

Nota:
[1]  Salvando las distancias, este hecho recuerda a la actitud de España con Cuba cuando, en 1898 y militarmente derrotados por los mambises, prefirieron entregar la Isla al gobierno de los Estados Unidos antes de que quedara en manos de quienes de implacable manera les habían vencido. El armisticio del 12 de agosto de 1898 fue sólo cosa de la metrópoli y de los yanquis. Con el Tratado entre España y los Estados Unidos, firmado en París el 10 de diciembre del mismo año, pasó exactamente lo mismo: el desprecio y el absoluto soslayo a los mambises y al pueblo de Cuba. Todos sabemos lo mucho que siguió sufriendo el pueblo de Cuba en manos de los imperialistas yanquis, hasta que el primero de enero de 1959 consiguió su verdadera independencia y comenzó a ser dueño de su propio destino. Todos sabemos lo mucho que el pueblo saharaui sigue sufriendo desde la entrega incondicional, por parte del gobierno español, del territorio sahariano a las indignas y colonialistas manos marroquíes.

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