El color de la tragedia

 

Claramente, el sonido de un gemido llega a mis oídos. Viene de la calle y, cuando el desconcierto me obliga a mirar por la ventana, veo un pedazo de tierra que inconfundiblemente se retuerce de dolor.
La policía no interviene —ha sido un asesinato—, la policía no investiga. Cuando lo hago por mi cuenta y descubro al asesino, descubro que tiene muchas manos —enguantadas todas ellas—, muchas manos que plantaron en la espalda de esa tierra la visible planta cuyo fruto es el hambre, la sangre y la miseria —una enorme espada de la cual solo se puede ver la empuñadura.
Mientras tanto y en silencio, alguien con sus lágrimas intenta diluir el intenso color de la tragedia.

 

 

(Tomado del libro Vaho en el cristal)


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