El Bloqueo yanqui a Cuba y el nefasto papel de la ONU

no-web-i8

Un vez más, por vigésimo quinto año consecutivo, la inmensa mayoría de los países miembros de la ONU rechazaron de manera contundente —191 de 193 países— el bloqueo estadounidense contra Cuba. En esta ocasión, lo inédito y paradójico del caso es que el propio verdugo se abstuvo en la votación, al igual que Israel, la siniestra sombra que siempre camina a su lado sembrando miseria y destrucción.
Sabemos que, de acuerdo a los preceptos de la Convención de Viena, el bloqueo es ilegal y que, según los tratados de 1948 y 1949, suscritos también por Cuba y Estados Unidos, el bloqueo de alimentos y medicinas, aún en tiempos de guerra, es delito y debe ser sancionado. Luego, existen como mínimo dos claros motivos para exigir su derogación inmediata: la ilegalidad del genocidio —porque genocida es el bloqueo yanqui a Cuba— y la voluntad inequívocamente manifiesta de la gran mayoría de países que conforman la ONU, el supuesto gobierno del mundo.

Pero, año tras año, sigue sin pasar nada. El castigo imperialista, que desde hace más de cincuenta y cuatro años golpea cruelmente al heroico pueblo de Cuba, sigue vigente y sus despreciables responsables nunca son sancionados por su prolongado y grave delito.
¿Para qué sirve entonces la ONU? ¿Para qué tanta votación si la decisión resultante de la misma nunca se aplica? ¿Dónde está la democracia de los “demócratas” que tanta democracia exigen a Cuba?
Los verdugos nunca van a cambiar voluntariamente su inhumana y prepotente actitud, de modo que la única manera de que la cambien es obligarles a que lo hagan. La cuestión es cómo. La batalla consultiva, por consolidada y contundente, ya está ganada. Pero, aunque importante, la victoria sigue siendo insuficiente. Y, por frustrantes, las victorias “sin premio” pueden llegar a ser peligrosas.
Los gobernantes imperialistas tienen motivo más que suficiente para avergonzarse del espectáculo tan nefasto que cada año ofrecen al mundo, pero carecen de vergüenza y no se sonrojan. Poco o nada les importa una condena que nunca les obliga a rectificar su deplorable conducta, que nunca se traduce a ineludible sanción. El precio que deben pagar es muy caro, pero el que pagan es inexistente; les sale gratis su incalificable desprecio hacia el resto de los países del mundo.
Por otra parte, todo ejercicio anualmente repetido que no acaba de obtener su merecida recompensa corre el riesgo de caer en la rutina o, lo que es prácticamente lo mismo, en la indiferencia más absoluta para el común de los mortales.
Durante unos días de octubre el Bloqueo es noticia importante pero luego, pasados éstos, la población cubana sigue sufriendo sus devastadores efectos y, mientras tanto, la noticia se diluye en el río mediático para desembocar poco menos que en el océano del olvido.
La ONU es una herramienta de dominación imperialista. No es de recibo que un país que incumple las reglas más elementales de la Organización sea, precisamente, quien a su antojo la dirija. La composición del Consejo de Seguridad es totalmente injusta, y el derecho a veto pura expresión fascista.
Son muchos los países que piden “a gritos” un cambio radical en su estructura y funcionamiento; son muchas las personas que igualmente lo exigen. El compañero Fidel la calificó no hace tanto tiempo de “ridícula ficción jurídica”. El problema es que el enemigo a batir carece de escrúpulos y todavía es realmente poderoso; dos cualidades, por peligrosas, ciertamente preocupantes; máxime cuando el imperio se sabe tocado y decadente.
Otro problema que no se puede obviar es que, evidentemente, no todos los países que rechazan el bloqueo yanqui a Cuba lo hacen motivados por sentimientos de humanidad y de justicia. Algunos se mueven por puro interés económico —muchas de sus empresas son perseguidas y sancionadas por el gobierno de los Estados Unidos por comerciar con la Isla—. ¿Acaso, a escala menor y con su “Posición Común”, hoy a punto de ser derribada,  la Unión Europea no intentó hacer exactamente lo mismo con Cuba?
No debe cundir el desaliento, sin embargo. En cualquier caso, no son  pocos los países que realmente están por el cambio; un cambio radical que, pese a quien pese, algún día acabará siendo realidad.
Tras el rotundo rechazo al Bloqueo yanqui contra Cuba, el papel de la ONU ha vuelto a quedar en evidencia. Una vez más —en realidad siempre— la unión de los históricamente ninguneados resulta imprescindible. ¿Por qué someternos a las necesidades y caprichos del imperio que, por poderoso que sea, nunca será más fuerte que la inmensa mayoría del resto del mundo?
Decía Antonio Maceo que “mendigar derechos es propio de cobardes incapaz de ejercitarlos”. Cuba lleva casi cincuenta y ocho años plantándole cara al imperialismo yanqui, y, a pesar de las represalias que estoicamente soporta por ello —el Bloqueo es una de ellas—, ha demostrado al mundo que, además de resistir, ha avanzado más que todos los países que le rodean. Un buen espejo, sin duda, donde poder mirarse.
Cambiemos radicalmente la ONU, o inventemos otra organización en la que nadie pise a nadie. Exijamos los derechos que nunca nos debieron faltar, y, cueste lo que cueste, no cesemos en la pelea hasta que nos sean devueltos, hasta conseguir la definitiva victoria, aunque ésta, conviene no recurrir al autoengaño, esté muy lejos de ser alcanzada.

 


One response to “El Bloqueo yanqui a Cuba y el nefasto papel de la ONU

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: