Camino del cementerio

 

No quise levantarme de la cama tras los habituales bostezos, pero el dulce sueño, hace tiempo huido, y el diario deber con fuerza me empujaron cayendo inevitablemente al lleno vacío.
Ni agua bendita encontré para lavarme la cara. Con los dedos de una hoguera extinguida, me peiné la memoria y recordé la decadente sonrisa de las flores asesinadas.
Ahora, mucho hastío después, aún permanezco apoyado en el marco de la ventana mirando sin ver con los ojos vencidos, porque llueve y no existen los paraguas, porque diluvia aunque no haya nubes grises en el cielo.
Sí, sigue lloviendo. Rápidamente crecen los ríos y se desbordan. Ahogado viaja el ser humano en sus aguas camino del cementerio.

 

 (Tomado del libro Después de todo)


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