El paso del tiempo

 

Lo intuía. Por tanto, tras cargarme de paciencia, joven amada mía, marqué el número de tu teléfono (el 1986). Y con la oreja pegado al aparato esperé, esperé y esperé.
Daba llamada. Debí perder la noción del tiempo. A la locutora, en el televisor, comencé a verle más rugosa, más vieja.
Seguí esperando indiferente, ya aburrido. Cuando a punto estaba de colgar (el teléfono), una voz femenina de anciana confirmó mis nulas esperanzas.
Busqué desesperadamente tu nombre en el listín y, cuando lo hallé, encontré un número diferente (el 2016).
Pensé en el espacio, en el tiempo, en lo rápido que pasa… Luego me incorporé, me prometí esquivar la maldita presencia de cualquier espejo en mi breve y obstaculizado camino.

 

(Tomado de Vaho en el cristal)


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