Palabras para la compañera Rosa Báez, recientemente fallecida

Rosa Báez (Foto: Virgilio Ponce)

Rosa Báez (Foto: Virgilio Ponce)

Mi querida Rosa, hoy he comenzado el día tropezando. Y es que, de manera inesperada, en horas de la mañana me ha llegado la triste noticia de tu fallecimiento. Pero no te preocupes, a pesar del dolor sentido, no me he caído del todo, he conseguido mantener el equilibrio y sigo andando por esos caminos donde tan nítidamente se pueden observar tus dignas y generosas huellas.
No tuve la dicha de conocerte personalmente, pero sí a través de los correos que nos enviamos y de tu frenética actividad en defensa de nuestra querida Cuba. Siempre guardé la esperanza de hacerte una visita durante alguno de mis frecuentes viajes a la tierra de Martí pero…

Verás, mi lugarcito en tu Isla irredenta está ubicado en el Oriente de la misma y, obviamente, la mayor parte de mi gente de allá también. Es por eso que siempre que llego voy de inmediato al citado lugar y, cuando me marcho, paso por La Habana casi casi con el tiempo justo para subir al avión que me cruza el Atlántico en sentido contrario.
No sabes bien cómo siento no haber pasado por tu Habana con un poco más de calma. Pero de nada sirven las lamentaciones en estos momentos tan tristes. Además, el lamento es una medicina que nunca alivia los dolores, más bien los intensifica.
Hace unos pocos años tuve la grata sorpresa de ver en La Polilla Cubana —el interesante blog que tú administraste hasta el pasado día 23— uno de mis escritos. Debo confesarte que me alegré bastante. No recuerdo ahora mismo qué artículo fue, pero ahí comenzó nuestra amistad. Publicaste más textos de mi autoría, y seguimos cruzándonos correos.
El último que apareció fue el 29 de enero de este mismo año. Y agradecí enormemente tu gesto tan valiente y generoso, porque era un texto que había sido censurado en un medio con el que colaboraba habitualmente desde hacía unos cuantos años. Tú no tuviste ninguna duda: publicaste el artículo censurado y la respuesta a la censura que escribí posteriormente.
Fue en uno de esos correos cuando me dijiste: “no anda bien de salud tu polilla…” Pero acabaste con puntos suspensivos la frase, y yo pensé que sería la típica gripe o algo parecido lo que te estaba golpeando en ese momento.
Me equivoqué. No te pregunté por el alcance de tu enfermedad, y ya es demasiado tarde para corregir mi torpeza. También es demasiado tarde para materializar la conversa que teníamos pendiente sobre el tema que nos ocupaba en aquel momento “y otras hierbas”.
Y nada más, Rosa querida. Puedes estar segura de que no seré el único que con el paso del tiempo te eche de menos. Como no podía ser de otra manera, tu revolucionario y altruista quehacer diario caló hondo en el corazón de muchísima gente.
Estés donde estés y agitando con premura las alas, ahora mismo salen volando para ti un fuerte abrazo y un ramo de cálidos besos.
                                                         ¡Hasta la victoria siempre!

 

  • Periodista cubana, Rosa Cristina Báez Valdés, “La Polilla Cubana”, fue moderadora de Cuba coraje, miembro de la Red Social Hermes y miembro fundadora de la Red de Trincheras Amigas.

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