Famélica sonrisa

 

I

Faltan pocos minutos para que el reloj anuncie las doce del mediodía. No importa que no tenga sueño. Sigo acostado sobre la cama con la mirada perdida en un techo carente de sol, de lunas y estrellas. Espero a la tarde que nunca he llamado; la espero con total indiferencia. La marea sigue baja en el mar de mi cerebro, y el barco que transporta mis ilusiones permanece encallado en las arenas de la melancolía.

II

Las violetas de mis ojos se marchitan sin tener la oportunidad de exhibir sus colores; sus raíces buscan el sustrato que no encuentran, el agua que inunda la memoria no calma su sed.

 

III

Duele la evidencia de tantos sueños frustrados. A estas alturas del día ya solo oigo a un coro de borrachos desentonando quejas y lamentos, ya solo veo lo que no quiero ver…, ya solo acierto a disparar preguntas sin respuestas: ¿Germinará el trigo en los surcos de mis manos? ¿Lograré producir el pan que evite la muerte de mi famélica sonrisa?

 

IV

Faltan pocos segundos. Desahuciada, por fin llega la tarde. Y la noche, otra vez la noche. No sé si podré huir del infierno en el que ahora me encuentro. Aquí me pudro lentamente, junto a la ausencia de tus manos y la carencia de tus besos.

 

(Tomado del libro Sonrisa y decepción)


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