Solo

 

 

Son las diez de la mañana

y, como no tengo sueño ni dueño,

leo un rato, primero,

y luego me levanto de la cama.

 

Si no fumo

no es porque me lo recomiende

el ministerio de sanidad.

Si no bebo

es porque el último trago

me lo bebí ayer

antes de caer rendido entre las sábanas.

 

Abro la ventana,

la persistente lluvia cala mi alma.

Abro la puerta

y, obstinada la lluvia,

empapa mi desnudo cuerpo.

 

Disidente con vocación del paraíso,

duermo poco y sueño demasiado.

Te llamo bien alto,

pero hoy tú no respondes.

 

Avanza la mañana,

la tarde reivindica su existencia.

 

El pez rojo del estanque

sigue nadando solo,

y exhibe con decoro

su habitual indiferencia.

 

 

(Tomado del libro Después de todo)

Versión manuscrita


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