Rajoy, un presidente cínico y mentiroso

Dos cínicos presidentes

Dos cínicos presidentes

El pasado 16 de enero, el Parlament catalán aprobó con el 64% de los votos la propuesta de pedir al Congreso de los Diputados la transferencia de competencias a la Generalitat para convocar la consulta soberanista. Mariano Rajoy, heredero del franquismo y “presidente de todos los españoles”, no tardó mucho tiempo en contestar a los catalanes. Lo hizo el mismo día recurriendo por enésima vez a la Constitución española vigente, la monárquica e impuesta en 1978. Por supuesto que negó el derecho de autodeterminación al pueblo de Catalunya, y dijo de la citada Constitución que en ella “cabemos todos y constituye la mejor garantía para avanzar y alcanzar la justicia, la prosperidad y el bienestar material de todos los españoles”.

No parece que la Carta Magna que tanto defiende el presidente Rajoy sirva por igual a todos sus gobernados. La justicia ya sabemos como está; por más que se empeñen en hacernos creer lo contrario, de Estado de Derecho y separación de poderes nada de nada. ¿Acaso el Consejo del Poder Judicial no lo impone mayoritariamente los dos partidos que se alternan en el poder? Este hecho evidencia que el órgano de gobierno de los jueces, encargado de organizar la administración de la justicia, mantiene estrecho vínculo con el poder político —y económico, en definitiva—. No es extraño, pues, que ciertos individuos con probados delitos de corrupción, prevaricación, torturas y hasta de asesinatos nunca hayan pisado la cárcel en todos estos años de “democracia” o, por ser indultados, la hayan conocido de manera efímera.

En cuanto a la prosperidad y el bienestar material, es obvio que, después de 35 años en vigor, la “flamante” Constitución solo ha favorecido y protegido a los parásitos privilegiados de siempre.

Tras Letonia, España es el segundo país de Europa con mayor desigualdad económica entre sus habitantes. Son 30 las familias que manejan la riqueza. En 2012, el 20% de los contribuyentes españoles más ricos acaparaban el 44% de todos los ingresos declarados, y el 80% restante —un número cuatro veces superior de contribuyentes— apenas alcanzó el 56% de los ingresos. Conviene recordar, además, que el 71,8% del fraude fiscal que se produce en el Reino de España —más de 42.000 millones de euros al año— lo protagoniza con suma facilidad las grandes fortunas y las grandes empresas.

Entre los gobernados por Rajoy, el 21,1% vive por debajo del umbral de la pobreza —9,3 millones de personas—. Más de 500.000 familias han sido desahuciadas en los últimos años por los Bancos, y alrededor de 40.000 personas vive en la calle sin techo que les cobije.

El cinismo del presidente es sin duda manifiesto. Con el conocimiento de los datos anteriormente expuestos, con un Salario Mínimo Interprofesional recién congelado y de los más bajos de Europa —645,30 euros—, y con cerca del 26% de la población activa desempleada —el 57,7% de desempleo juvenil—, ¿se puede hablar sin mentir de “prosperidad y bienestar material para todos los españoles”?

Que Rajoy esgrima la Constitución española como arma represora entra dentro de la lógica, tratándose de un orgulloso heredero del franquismo. Pero que con tono paternal la utilice como herramienta reconciliadora y disuasoria es un insulto a la inteligencia de la mayoría de sus sufridos gobernados.

2014 / 01 / 22


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