El perfume del desengaño

 

 

Hay fracaso.

Tengo las narices cerradas,

pero aun así huelo exageradamente

a desastre y desengaño.

 

Apoyo mis brazos

sobre la barandilla oxidada

que es la esperanza,

se rompe,

se viene abajo.

 

Miro

las escaleras que dan a unos pies

que en su día

estuvieron descalzos.

Y ahora, sin pena

y con prisa,

me pisan

con sus relucientes zapatos.

 

(Tomado del libro Después de todo)


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