Pili

 A la Virgen del Pilar

Un día cualquiera

tropiezo con el pie de la curiosidad

-estratégicamente colocado

para realizar una zancadilla-,

y salgo volando por la ventana

abierta de par en par

con un hasta luego dulce

sonando en mis oídos.

Cruzo el Ebro sin necesidad

de mover las alas, a un palmo

de la felicidad, rozando a veces

las hojas de sus ramas

con la savia de mi sonrisa.

Y aterrizo en tu plaza -improvisado

aeropuerto donde llegan los vuelos

más fieles a tu belleza.

Y me siento frente a tu casa

rodeado de nutridas palomas -las he examinado

una por una, pero ninguna

de ellas lleva una rama de olivo

en el pico.

Y veo a los feligreses

entrando al estómago de tu hogar

por la abertura de sus grandes bocas.

Con tanto visitante

ofreciéndote devotamente su amor

y sin reservas,

no entiendo, Pili, de verdad

que no lo entiendo cómo

permaneces

virgen, virgen todavía.

(Tomado del libro Después de todo)


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