Rodillas despellejadas

 

Desabróchame la bragueta

que por ti

a punto está de reventar

y elimina, como tú bien sabes, la enorme

distancia que de un tiempo a esta parte

existe entre nosotros.

 

Llévame a tu mesa.

Yo pondré el mantel, tú los platos;

los dos la carne y el apetito.

 

Tráeme con una de tus manos

la fresa madura que creció en el olivo.

Y ponla, con la otra, sobre los ojos

sin lentes de mi boca.

 

Mastícame con cuidado,

yo contigo haré lo mismo.

Traguémonos suavemente,

muy suavemente, para que dure

el pan nuestro de cada día y su sabor

aquí en la tierra como en el cielo,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

(Tomado del libro Vaho en el cristal)


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