Desconocida

Reconozco que no te conozco,

que ni siquiera sé si me conoces tú a mí,

que desconozco cómo te llamas

a pesar de que ahora mismo

escribo por enésima vez

las letras de tu bonito nombre

sobre la piel de mi cuerpo.

Y camino cada vez que me siento

a contemplarte,

contemplando que tú también me comtemplas

mientras de la lejanía te acercas

para volverte a alejar por la opuesta lejanía

sin siquiera rozar nuestros ardientes

cuerpos

ni nuestras mudas voces.

Sí, tal vez, nuestra delatante mirada.

 

Y veo que no veo nada,

nada más que mucho tiempo

deseando que tus labios

reciban a mis besos.

 

(Tomado del libro Vaho en el cristal)


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