Breve respuesta a un relato de Roberto Ávila

Acabo de leer un relato del compañero chileno Roberto Ávila, publicado en Rebelión y recogido de Tribuna Popular, Órgano Oficial del Partido Comunista de Venezuela. Se trata de cómo un grupo de guerrilleros argentinos que, huyendo de su país a Chile de la Unidad Popular, fueron acogidos por el presidente y no los entregó al gobierno argentino que los reclamaba. El gesto de Salvador Allende, sin duda, me parece digno de admiración, pero, sinceramente, no creo que sirva de ejemplo para compararlo, como creo que se pretende, con el caso de Joaquín Pérez Becerra y su entrega a Colombia por parte del presidente bolivariano. Y es que si obviamos el contexto histórico y otras importantes circunstancias el resultado de las comparaciones siempre serán más ficticias que reales.

En 1972, año en que sucedió lo narrado por Ávila, América Latina era un hervidero de focos guerrilleros; es probable que pocos países carecieran de ellos. Sucede que por la vía electoral era prácticamente imposible tomar el poder. Fue precisamente en Chile cuando comenzó a cambiar esa tendencia, aunque, si bien es cierto, probablemente por la negativa de Allende a armar y entrenar debidamente al pueblo, el fascista golpe de estado resultó fácilmente triunfante. Hoy, en 2011, ¿cuantos grupos guerrilleros existen? Todo el mundo sabe que los que existen proceden, como las FARC y el ELN, de hace ya muchísimos años atrás. El motivo de la escasez de guerrillas es muy fácil de entender. A día de hoy, en América Latina sí es posible la toma de poder mediante elecciones electorales, aunque los sistemas electorales, incluso, inicialmente favorezcan a las oligarquías. Esto no lo digo yo, lo dicen hechos concretos, como por ejemplo los de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Sin embargo,  por la vía armada en los últimos tiempos no se está consiguiendo nada –esto último también lo dicen los hechos-, sino complicar notablemente el transcurrir de procesos revolucionarios ya en marcha.

Seguía el relato de Ávila diciendo que los prisioneros políticos que no pudieron huir de Argentina, como los que llegaron a Chile, fueron fusilados. Tamaña salvajada, sin duda, pero suerte que seguro Joaquín Pérez Becerra, por mucho que esté en manos de un gobierno fascista, no va a correr; entre otras cosas porque es un ciudadano sueco y las autoridades colombianas se guardarán mucho de que algo grave le ocurra; es muy probable, además, que no tarde mucho tiempo en volver a su casa –y ojalá que así sea-. Luego, en este punto tampoco creo que se pueda comparar un caso con el otro.

Finalmente, el compañero Ávila dice que, para hacer valer su decisión de no entregar a los guerrilleros a Argentina, el jefe de la Revolución chilena, se puso de pié y dando un golpe de puño sobre la mesa dijo con voz clara y determinación. “Así serán las cosas, pero este es un gobierno socialista, mierda, y no entregamos a ningún compañero… [y acto seguido añadió:] esta misma noche se van para Cuba”.

Es verdad que fue valiente la actitud de Salvador Allende, no lo pongo en duda, pero obsérvese que, más pronto que tarde, la “papa caliente” que obviamente le estaba quemando en las manos la envío para Cuba.

2011 / 06 / 20

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