Cuba, Estado español: Desafortunadas palabras de Lucio Urtubia acerca de Cuba

 

El pasado domingo, 23 de mayo, el diario Gara –también Rebelión un día después- publicó una extensa entrevista a Lucio Urtubia, conocido como el “albañil anarquista”. No leí la entrevista entera, tan sólo me asomé al titular y a los subtítulos y, encontrando en ellos unas declaraciones ciertamente desafortunadas, busqué el párrafo que las albergaba para profundizar en ese fragmento de la entrevista.

El entrevistador, Fermín Munárriz, preguntó: ¿Confía usted en alguna forma de gobierno?, y Lucio Urtubia contestó de esta manera: “No. Yo sólo confío en el poder de los hombres que son responsables. Hasta el día de hoy, desgraciadamente ningún poder en la historia ha sido respetable. Todos los gobiernos son criminales; es Maquiavelo quien lo dice: ‘no se puede gobernar sin crimen’. […] Vemos como ha caído la gente, sea Fidel Castro o sea Stalin mismo, que al principio asaltó bancos, incluso, para hacer cosas, era un idealista. Y sin embargo, fíjate dónde terminó. Eso es el poder. El poder son los cheguevaras –con toda la simpatía que podemos tenerle a nivel de rectitud pero no en otros aspectos-. Y si es Fidel, ya sabemos lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo en Cuba…”

Antes de nada diré que los puntos suspensivos que le siguen a la palabra Cuba son del propio entrevistado. Lo digo porque, como casi todos los puntos suspensivos, estos insinúan la posibilidad de una incesante descarga de ejemplos que certifican lo dicho, pero en realidad Urtubia no aporta ninguno. ¿Será que no los tiene? ¿Qué estará ocurriendo en Cuba que al parecer tanto le desagrada? Acusar sin presentar el más mínimo dato o argumento me parece una práctica harto gratuita y tendenciosa. Y eso es lo que ha hecho realmente el “albañil anarquista”.

Desconozco, pues, aunque me lo imagino, a que se refiere cuando dice “Y si es Fidel, ya sabemos lo que ha ocurrido y lo que está ocurriendo en Cuba…”. Lo cierto es que quien haya leído esto y no conozca la realidad cubana –muchísima gente, lamentablemente- no creo que pueda tener una imagen ni medio decente de Cuba, máxime cuando todos los medios reaccionarios de comunicación –sobre todo en las últimas semanas-, que son los que más se leen y penetran negativamente en los cerebros de los lectores, e incluso a veces también algunos de los llamados medios alternativos, mienten o tergiversan descaradamente sobre el diario acontecer de la Revolución Cubana. Urtubia acusa al cubano, como a todos, de ser un gobierno criminal y, que yo sepa, el Gobierno de Cuba y la Revolución que éste lidera lo que ha hecho es precisamente justo lo contrario: salvar millones de vidas a partir de 1959, tanto en Cuba con su política interna como en buena parte del mundo con su generosa y desinteresada política internacionalista.

Quizá Urtubia se refiere a los ajusticiamientos de criminales de guerra acontecidos tras el triunfo de la Revolución. Si es así se le podría decir que democracia es respetar la voluntad de los pueblos. Y el pueblo de Cuba, tras el triunfo de la Revolución, lo que demandaba era justicia. Es cierto que en Cuba fueron ajusticiados responsables de crímenes atroces, pero, insisto, ese fue el clamor del pueblo materializado por su Gobierno revolucionario, y además no fueron tantos como se dice.

Como no podía ser de otra manera, este hecho suscitó las hipócritas críticas de los gobiernos reaccionarios de todo el mundo, con Estados Unidos a la cabeza. El propio Fidel defendió la postura revolucionaria discursando desde el Palacio Presidencial y ante una multitudinaria concentración que le asistía. Era 21 de enero de 1959, y entre otras interesantes cosas dijo: “Las potencias aliadas castigaron a los criminales de guerra después de la Segunda Guerra Mundial, y tenían menos derechos que nosotros, porque ellos castigaron de acuerdo con una legislación posterior. Nosotros estamos castigando a los criminales de guerra de acuerdo a una legislación anterior al delito, en juicios públicos, mediante tribunales de hombres honestos; para no cometer errores se están enjuiciando solamente a los criminales más notorios, a los que tienen 5; 10; 15; 20 y 100 asesinatos; a los que todo el pueblo conoce” […]

Si Fidel ha “desoído” alguna vez la demanda de sus gobernados, como injustamente a menudo aún se le critica, quizá sea precisamente éste uno de esos casos, ya que la población exigía más dureza en el castigo y el Comandante en Jefe, buscando evitar los excesos, siempre trató de persuadirla para que en ese sentido fuera más prudente y no se dejaran llevar por instintos de venganza.

Según sus propios testimonios, en 1962 –para entonces ya Fidel y el Che se habían convertido en “irrespetables hombres de poder”-, Urtubia se acercó al Gobierno cubano para proponerle estafar al Gobierno de los Estados Unidos –al parecer, Urtubia llegó a reunirse con el Che-. Ya sé que no es lo mismo estafarle al vecino del tercero que a un gobierno imperialista, pero, según siempre el mismo testimonio, los cubanos declinaron el ofrecimiento del anarquista; y es que, aunque el imperialismo yanqui era el máximo enemigo de la por aquel entonces todavía joven Revolución, quizá la estafa no era –ni es- la manera más revolucionaria ni eficaz de combatir a un imperio. ¿Se quebró la simpatía del anarquista para con la Revolución Cubana a partir de esa negativa? Parece que sí, porque fue entonces cuando Urtubia comenzó a opinar que el revolucionario argentino empezaba a estar cansado del rumbo que tomaba la política en la Isla. El suyo fue el mismo discurso que el de la reacción para con el Che, que siempre le atribuyó un notable distanciamiento, una enorme discrepancia con el resto de los dirigentes revolucionarios, lo que la historia demuestra con creces que es totalmente falso. Llegado a este extremo, hay una pregunta que me viene a la cabeza: ¿si los cubanos hubieran aceptado su estafadora propuesta, tendría hoy Urtubia el mismo concepto negativo de la Revolución?

Lo curioso y cierto del caso es que el anarquista –acérrimo enemigo de todo tipo de Estado- se acercó a una Revolución que el 16 de abril de 1961 ya había proclamado su carácter socialista. Es decir, que había conquistado al Estado no para abolirlo de inmediato, como demanda el anarquismo, sino para, poniéndolo en manos del pueblo, utilizarlo como herramienta organizativa y de autodefensa contra la burguesía nacional e internacional que, lógicamente, siempre trató –y trata- por todos los medios imaginables e inimaginables de recuperar sus enormes e ilegítimos privilegios perdidos el primero de enero de 1959. ¿Qué hacía un anarquista, pues, intentando congeniar con tan “criminales” e “irrespetables” individuos?

En un pasaje de la entrevista, el entrevistador le hizo esta otra pregunta: ¿Tampoco confía en los actuales movimientos de izquierda?, y el “albañil anarquista” respondió: “Sí, confío en los movimientos. Ahora, abrazo a su gente pero cuando sean ministros no la abrazaré porque llegarán a ser como los otros ministros”. Obviamente, en 1962 el Gobierno revolucionario tenía sus ministros –el propio Che dirigía el Ministerio de Industria cuando al parecer se reunió con Urtubia-. Sin embargo, el anarquista no cesó en su empeñó de reunirse con el Che hasta que lo hubo conseguido, a pesar de que éste, según su absurdo criterio, ya era “como los otros ministros”.

Para Urtubia ningún hombre o mujer participante en gobierno alguno es respetable, y, aunque se escude en Maquiavelo para expresar su opinión, no deja de ser tremenda estupidez su proclama. No sé si Urtubia ha pertenecido alguna vez a la CNT, o simplemente es tan anarquista que está más allá que los “anarquistas con carné”. En cualquier caso, ya que es un denodado abanderado del anarquismo voy a recordar un pasaje de la historia de España, que parece no lo conoce o simplemente se le olvida.

En enero de 1936 quedó constituido el Frente Popular antifascista. Fue esta coalición, conformada por la mayoría de las fuerzas de izquierdas, la que ganó las elecciones de febrero. La CNT, que hasta entonces siempre había recurrido a la política abstencionista, no formó parte del Frente Popular, sin embargo experimentó un cambio en su seno de cierta importancia, ya que en no pocos casos recomendó a su militancia el voto para las candidaturas de izquierdas.

Ganadas las elecciones por el Frente Popular y convertido éste en estructura de poder, la CNT volvió a dar otra vuelta de tuerca: Francisco Largo Caballero incorporó al Gobierno republicano a varios miembros de la CNT. Entre los ministros cenetistas estaba Federica Montseny Mañé (1905-1994), que dirigió el Ministerio de Sanidad y Asistencia Social entre 1936 y 1937. Ella fue la primera mujer en acceder a un ministerio en la historia de España para dirigirlo.

Y ésta no fue la única vez que la anarquista CNT participó en tareas de gobierno. A la conclusión del mes de septiembre de 1936 y tras previos acuerdos, el Consell de la Generalitat quedó constituido por todas las formaciones políticas, incluida la CNT. Los anarquistas, además, debieron hacer algunas concesiones para conseguir los acuerdos. Una de ellas fue la disolución de las patrullas de control cenetista, aquellas que en los primeros días de la sublevación militar del 18 de julio llegaron a causar cierto temor con sus ejecuciones sin previo juicio; también tuvieron que ceder el control de los servicios de teléfonos, que pasaron a manos del Gobierno de la Autonomía.

No expondré más ejemplos, sí, sin embargo, haré algunas preguntas: Si el anarquismo está contra todo tipo de gobierno y de Estado, aunque éstos sean realmente socialistas, ¿por qué la CNT formó parte de un gobierno autonómico y otro estatal? ¿No resulta, éste, un hecho totalmente incongruente? ¿También para Urtubia el Gobierno republicano –incluidos los ministros de la CNT- era criminal e irrespetable? No quisiera que estas palabras se entendieran como una crítica negativa a la CNT, pues me consta lo mucho y bueno que hizo como resistente al fascismo en España, y eso para mí merece la más absoluta admiración y respeto. Tan sólo pretendo demostrar que nadie ni nada está exento de incurrir en contradicciones.

No sé si Urtubia sabe lo que dice cuando habla de Fidel, del Che y de la Revolución Cubana de manera tan negativa. Si no lo sabe, su opinión resulta demasiado atrevida, ya que en ese caso vierte sobre ella graves acusaciones sin conocimiento de causa. Y si habla conociendo la realidad de la Isla, entonces miente descaradamente, a la vez que insulta groseramente al pueblo cubano por la sencilla razón de que éste aprueba mayoritariamente y sin ambages, elecciones tras elecciones y desde 1976 el mismo sistema sociopolítico que también defiende y de alguna manera hoy todavía lidera un “irresponsable” y “criminal” individuo llamado Fidel Castro Ruz.

Debería saber el señor Urtubia que los 31 miembros del Estado Socialista de la República de Cuba son elegidos cada cinco años mediante votación libre y secreta por una Asamblea Nacional del Poder Popular que, a su vez, es elegida por la población de manera masiva, consciente e infinitamente más democrática que en cualquier otra parte del mundo, ya que en Cuba postulan y eligen los propios electores sin que medie para nada el Partido en los procesos electorales. Además, y aunque él no se lo crea, concluidos éstos, la población –poseedora de una cultura política y general muy elevada- sigue participando activamente en el proceso revolucionario, y siempre es tenida en cuenta por su Gobierno y Estado a la hora de la toma de decisiones importantes. Y esto no es una suposición mía, sino una constatación histórica. [1]

El poder en Cuba, pues, nunca se llamó Fidel o Che, como desafortunadamente afirma Urtubia; tampoco ahora se llama Raúl. El poder en Cuba tiene un nombre mucho más amplio, hermoso y participativo. El poder en Cuba se llama Pueblo.

Por otra parte, y ya para terminar con este artículo, resulta ciertamente llamativo como un anarquista “tan puro”, como al parecer es Lucio Urtubia, pudo consentir que el prólogo de una de sus biografías esté firmado por un individuo tan reaccionario como es Albert Boadella. En 2007 se publicó la película “Lucio”; el propio Urtubia participó en varias de las presentaciones del filme. Lo curioso del caso es que la obra cinematográfica contó, entre otras, con la subvención del Gobierno Vasco, o lo que es lo mismo: con el apoyo económico de una de las 17 “Delegaciones” de un Gobierno y Estado capitalista e imperialista –al español me refiero, claro-. Tremenda paradoja, o al menos a mí así me lo parece.

[1] Por no extenderme demasiado, no he querido añadir nada más acerca de la legitimidad que el pueblo cubano otorga a su Gobierno y Estado. A todo aquel que quiera profundizar en el tema, le invito a leer estos artículos de mi autoría publicados en este mismo medio:

2010 / o5 / 27


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