Cuba: La flor más hermosa

Medico internacionalista cubano

Medico internacionalista cubano

La política exterior de la Revolución cubana está impregnada del pensamiento internacionalista y solidario. “Patria es humanidad”, dijo José Martí, y la humanidad no sólo reside en Cuba, sino que habita regada por todo el mundo. Estoy absolutamente convencido de que cuando en 1955 Fidel dijo que “la patria no es la celda del esclavo, sino el solar del hombre libre”, estaba pensando en las mujeres y hombres de Cuba, pero también en las mujeres y hombres de América y del resto del mundo.

El internacionalismo tiene su lógica cabida en la Constitución cubana. El artículo 12 comienza diciendo: “La República hace suyos los principios antiimperialistas e internacionalistas”. Y en el párrafo ch) se establece que “propugna la unidad de la República de Cuba, de todos los países del Tercer Mundo, frente a la política imperialista y neocolonialista que persigue la limitación o subordinación de la soberanía de nuestros pueblos y agrava las condiciones económicas de explotación y opresión de las naciones subdesarrolladas”.

El artículo 12 y el párrafo ch) no es papel mojado dentro del texto constitucional revolucionario, sino parte teórica de una práctica consecuente. Fidel hace rato que definió a la práctica internacionalista y solidaria como “la flor más hermosa de la Revolución cubana”, y recordó que “ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad, porque […] muy importante es nuestro pueblo […]; pero más importante es aún el pueblo de 230 millones de nuestros hermanos latinoamericanos [hoy más de 550], importante es el porvenir de este continente y más importante aún es el mundo”.

Este es el concepto de patria que se tiene en Cuba, esta es la esencia del “Patria es humanidad” de José Martí.

Debido a serias limitaciones económicas, en la Isla todavía se padece de muchas carencias. Sin embargo, nunca suspendieron la ayuda internacionalista a la espera de cubrir primero sus necesidades para luego retomarla, ya que buena parte de sus recursos económicos y humanos los siguen compartiendo con la población más necesitada que habita sobre la faz de la Tierra.

El patriotismo cubano alcanza su expresión más universal, solidaria y humanista, y se esgrime como negación de la negación, como oposición al imperio y sus obedientes lacayos; no es chovinista y rancio como el de los países capitalistas. El cubano -lo han demostrado con creces- es altamente generoso con los más desfavorecidos del planeta; el de aquellos es netamente egoísta. Cuba se acerca al resto del mundo para ayudar desinteresadamente en todo lo que pueden; aquellos se acercan interesadamente para saquear todo lo que pueden… Cuba, en definitiva, practica el internacionalismo solidario; aquellos, sin duda, el más inhumano intervencionismo.

La experiencia cubana es el claro ejemplo de cómo con poco se puede hacer muchísimo. Su altruista comportamiento debería sonrojar a los gobernantes primermundistas, muchos de ellos continuadores de la política colonialista de sus predecesores, lo que les convierte también en altos responsables de la miseria que en el mundo hoy en día se padece. Pero ¿acaso saben ellos qué es la vergüenza? Es evidente que no. La patética e insultante imagen de “los G 8” plantando tres arbolitos durante la última Cumbre de Japón -julio de 2008-, no permite otra respuesta.

Los sostenedores del capitalismo en su fase superior no cesan de recurrir a la mentira, además de a la fuerza; y lo hacen con el perverso objetivo de aumentar sus enormes privilegios a costa de condenar a la más absoluta miseria a más del 80% de la población mundial.

Dicen, pero no hacen. Prometen, pero no cumplen. Cuba socialista, sin embargo, llevando a la práctica la máxima martiana de “hacer es la mejor manera de decir”, siempre se volcó en la ayuda a otros países hermanos con decenas de miles de trabajadores de la salud, de la enseñanza, de la construcción…, con técnicos de las más diversas ramas.

Millones de seres humanos de todo el mundo han sido beneficiados por el afecto cubano a lo largo de casi medio siglo. Y lo que añado a continuación no es más que una breve exposición de la ayuda prestada que lo certifica.

Sólo en África -ese castigado y explotado continente del que los gobernantes primermundistas únicamente se acuerdan para saquearlo-, más de 100.000 cubanos prestaron servicios civiles durante 45 años de Revolución. Mientras tanto, alrededor de 34.000 estudiantes africanos se graduaron en centros de enseñanza de la Isla.

En el aspecto estrictamente médico, en el corto período comprendido entre 1999 y 2007, mediante el Programa Integral de Salud, lograron salvar más de 857.000 vidas humanas, efectuaron una cifra superior a 36.290.000 consultas, más de 626.000 intervenciones quirúrgicas y asistieron a 549.826 partos. Eso en África, insisto, porque actualmente más de 37.000 trabajadores de la salud se hallan repartidos en 79 países del Tercer Mundo, habiéndose prestado ayuda, con más 130.000 efectivos, en 102.

Hace unos años, el 5 de julio de 2004, Fidel y Chávez acordaron el desarrollo de un programa de cooperación entre Cuba y Venezuela. Se trataba de asistir a pacientes con problemas oculares que, debido a la escasa existencia de servicios médicos y a los elevados costos quirúrgicos que prevalecen en los países en vías de desarrollo, estaban totalmente excluidos de tan importante derecho. Los resultados de la “Misión Milagro”, que bajo los principios de la ALBA así es como se llama, está obteniendo unos resultados ciertamente esperanzadores. Estas son algunas de las cifras que avalan dicho criterio:

Entre julio de 2004 y junio de 2008 han sido operados 1.225.339 pacientes pertenecientes a 33 países, incluyendo a Cuba -15 del Caribe, 16 de América Latina y 2 del continente africano: Mali y Angola-. Los extranjeros beneficiados ascienden a 1.032.094, de los cuales 262.539 fueron operados en hospitales cubanos y 769.555 en los 51 centros oftalmológicos que, con 87 puntos quirúrgicos dotados con la más alta tecnología, fueron donados por el gobierno de la Isla a 12 países -17 a Venezuela, 16 a Bolivia, 3 a Ecuador, 3 a Guatemala, 2 a Haití, 3 a Honduras, 1 a Panamá, 2 a Nicaragua, 1 a Paraguay, 1 a Mali y 1 a Angola.

Se espera que, desde la puesta en marcha de la misión y en el transcurso de diez años, los operados superen la nada desdeñable cifra de 6.000.000. Y además, en el mismo período de tiempo, se prevé formar a 200.000 profesionales de la salud.

También en el ámbito de la enseñanza Cuba es un referente en el mundo. Al triunfo de la Revolución, la media nacional de analfabetismo alcanzaba a más del 25% de la población -el 42% en las áreas rurales-, pero la impresionante campaña de alfabetización llevada a cabo en 1961 erradicó aquella lacra que hoy todavía afecta a más de 800 millones de personas en todo el planeta.

Fiel a su principio internacionalista, Cuba no se limitó a laborar en su territorio, sino que sembró de personal docente no pocos países hermanos. El Destacamento Internacionalista “Ernesto Che Guevara”, por ejemplo, laboró en Angola con más de 21.000 profesores, y en la “Cruzada por la Alfabetización” de Nicaragua los maestros movilizados fueron alrededor de 16.000.

Cuba creó el método de enseñanza “Yo, si puedo” que, producido en 14 versiones y con el empleo alternativo de la radio y la televisión, ha permitido llegar a un número muy elevado de la población analfabeta.

“No nos interesa la exclusividad de la patente -expresó Fidel no hace muchos años-. Estamos en disposición de ofrecerlo a todos los países del Tercer Mundo, donde se concentra el mayor número de analfabetos, sin cobrar un solo centavo”.

Con el citado método han sido alfabetizadas más de 3.635.000 personas pertenecientes a 23 países -Venezuela, Haití, Paraguay, Argentina, México, Ecuador, Bolivia, Brasil, Perú, Panamá, Guatemala, Uruguay, Honduras, Nicaragua, República Dominicana, Nueva Zelanda, Mozambique, Nigeria, El Salvador, Colombia, Guinea-Bissau, Guinea Ecuatorial y Timor Leste.

En estos momentos, el plan de alfabetización cubano se aplica en 28 países -15 de América Latina, 5 del Caribe, 5 de África Subsahariana, 1 de Asia, 1 de América del Norte y 1 de África del Norte-, recayendo la responsabilidad del asesoramiento, que la aplicación del método requiere, en 839 cuadros y docentes del Ministerio de Educación de la Isla. Y, para que los egresados del “Yo, si puedo” tengan continuidad en sus conocimientos, se creó, con éxito también, el método “Yo, si puedo seguir”.

Otro ejemplo de desmedida solidaridad cubana hacia otros pueblos del mundo es que, en el pasado curso (2007-2008), la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas, el Instituto Superior Latinoamericano de Educación Física y Deportes y la Escuela Internacional de Cine y Televisión, entre otros muchos centros de enseñanza que existen en la Isla, albergaron a más de 30.000 personas que, pertenecientes a 120 países, estudiaron de manera totalmente gratuita -residencia, manutención y atención médica incluida.

Y cuando la ayuda de carácter militar fue necesaria, también el personal cubano ofreció sus servicios de manera altruista y voluntaria. Por la República Popular de Angola, en el transcurso de los casi dieciséis años que duró la “Operación Carlota”, llegaron a pasar 377.033 combatientes cubanos. Agostinho Neto solicitó la ayuda cubana para defender la soberanía de Angola frente a la agresión sudafricana, que estaba apoyada por la contrarrevolución interna y la siempre deshumanizada ayuda espiritual y material de los Estados Unidos.

Cuba contribuyó de manera decisiva a rechazar las embestidas bélicas del enemigo externo, a que la ONU aprobara -mediante la aplicación de la resolución 435- la independencia de Namibia -última colonia del África negra- por la que tanto luchó la Organización del Pueblo de África Sudoccidental -SWAPO-, a la liberación de Zimbabwe… y a que se derrumbase el Apartheid en Sudáfrica y se “rompieran” los cerrojos que mantuvieron encarcelados por más de medio siglo a Nelson Mandela y a otros compañeros del Congreso Nacional Africano -ANC.

El carácter desinteresado de la misión cubana lo demuestra con creces el que, cumplida ésta, lo único que se llevaron del África fueron los restos de los 2.077 compañeros caídos.

Anteriormente, el 24 de abril de 1965, el Che había llegado al Congo al frente de unos cuantos instructores cubanos. El objetivo que les llevó a tierras tan convulsas y lejanas no pudo ser cumplido, pero no resultó vano, ya que sirvió para que cientos de miles de cubanos lo imitaran y ayudaran a independizar a otros países del sufrido y explotado continente africano.

En 1966, instructores militares y médicos cubanos se unieron a los rebeldes del Partido para la Independencia de Guinea y Cabo Verde -PAIGC- que, liderados por Amílcar Cabral, combatían contra el colonialismo portugués; permaneciendo en Guinea-Bissau hasta el final de la guerra, en 1974.

Cuando en enero de 1978 los somalos atacaron la zona etíope de Harar, combatientes internacionalistas cubanos defendieron la zona, rechazando a la fuerza atacante en los accesos de la ciudad. El 11 de marzo tomaron Dagahabur, liberando las posiciones decisivas del territorio de Ogaden. Y un día después quedó liberado la totalidad del territorio etíope ocupado por Somalia.

Denominada “Operación Baraguá”, en esta misión participaron 16.000 compañeros cubanos, y constituyó el mayor envío de tropas si exceptuamos a las que combatieron en Angola.

En Vietnam, unos pocos militares cubanos ayudaron en la formación de cuadros, y, con la participación directa de constructores y técnicos de la Isla, se transformó el legendario Camino Ho Chi Minh, formado por miles de trillos que atravesaban selvas de Vietnam, Laos y Cambodia, para transportar los tanques y cañones que se utilizaron en la ofensiva general que culminó en la liberación y la completa derrota de la agresión yanqui.

A la llamada de Siria acudieron casi 1.000 internacionalistas. Israel había agredido nuevamente a aquel país y, desde noviembre de 1973 hasta mayo de 1974, ambos países se enzarzaron en una guerra de desgaste en los Altos del Golán -montañas del suroeste de Siria- que, desde la Guerra de los Seis Días -1967- permanecen ocupados por Israel.

Los combatientes cubanos entablaron duelos de artillería contra los israelíes, hasta que el 31 de marzo de 1974, estos últimos y los sirios, convinieron dar por finalizadas las actividades bélicas; regresando los internacionalistas a la Isla en febrero de 1975.

Y mientras tanto, en la medida de lo posible, los focos guerrilleros de América Latina también contaron con la ayuda cubana.

Unas líneas más arriba dije que esto sólo iba a ser una breve exposición de la ayuda internacionalista ejercida por Cuba en el transcurso de casi 50 años de Revolución. Concluyo pues para no exceder la brevedad anunciada. Y lo hago, sobre todo, porque, si bien es cierto que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”, toda la experiencia cubana en cuestiones solidarias no cabe en unas pocas cuartillas.

La historia de Cuba está repleta de ejemplares “jardineros”; entre otros muchos, ahí están Félix Varela, José de la Luz y Caballero, Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Julio Antonio Mella…

Pero las semillas sembradas por ellos nunca llegaron a germinar hasta el primero de enero de 1959. A partir de aquella histórica fecha, en Cuba por fin enraizaron y crecieron vigorosas la plena soberanía, la justicia…, la libertad. Y entre tan admirable vergel, erguido y orgulloso, el internacionalismo solidario: “La flor más hermosa de la Revolución cubana”.

2008 / 07 / 26


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