Bolivia: Hacia la otra orilla

El 18 de diciembre de 2005, como se esperaba, el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó las elecciones con el 54% de los votos. El nuevo presidente electo, Evo Morales, inició de inmediato una gira por varios países del mundo. El primero en visitar fue Cuba, donde, el último día del año, Evo y Fidel subscribieron un acuerdo de cooperación de once puntos. Este documento entró en vigor el 22 de enero de 2006, luego de la toma de posesión de Morales, y contempla, entre otras cosas, que Cuba operará anualmente de la vista a 50.000 bolivianos; aportará los medios materiales, técnicos y personales para un programa de alfabetización que, a partir de julio del 2006, abarcará a toda la población apta (1.200.000 personas aproximadamente), y otorgará 5.000 becas en dos años para formar médicos, tan escasos en el país andino.

Prosiguió la gira Morales. Llegó a la opulenta Europa y recaló en España. El presidente de este lugar se comprometió a condonar parte de la deuda externa “contraída” por Bolivia con el ibérico país, aunque meses después el “perdón” todavía no se ha materializado.

No es cuestión de desagradecimiento, pero ¿condonar parte de la deuda externa? ¿Quién está en deuda con quién? Bastaría citar un solo ejemplo, de los muchos que existen, para responder a estas preguntas: La colonia española usurpó 16 millones de kilos de plata extraídos del Cerro Rico de Potosí (en la actual Bolivia) por explotados indígenas, de los cuales ocho millones fueron aniquilados. También llegaron al puerto de Sevilla 185.000 kilos de oro (esto sin contar los que llegaron de contrabando) que, rápidamente, buena parte de ellos pasaron a los acreedores del reino y beneficiaron a los sistemas financieros y comerciales del capitalismo europeo temprano.

Los primeros españoles en llegar a orillas del lago Titicaca fueron Diego de Agüero y Pedro Martínez de Moguer. Obviamente, los indios bolivianos fueron esclavizados; era el decenio de 1530 y los conquistadores ya habían destruido el imperio inca. En 1539, por orden de Pizarro, Pedro Anzures de Campo Redondo fundó Charcas, y en 1545 lo tocó el turno a Potosí, ciudad conocida por el descubrimiento de plata realizado en el ya citado Cerro Rico.

Siglos después, en febrero de 1825 y tras la batalla de Ayacucho (el 9 de diciembre de 1924), el general Antonio José de Sucre llegó a La Paz obteniendo el triunfo final de la causa libertadora. Y no transcurrió mucho tiempo sin que el lugarteniente de Bolívar convocara (el 6 de agosto del mismo año) la Asamblea que proclamó la República de Bolivia.

Sin embargo, podríamos decir que, a pesar de romperse las cadenas coloniales que tanto oprimían a sus pobladores, Bolivia siguió como otros muchos países latinoamericanos: “independiente”, pero bajo el dominio de manos extranjeras.

Resulta curioso cómo cuando el nuevo y legítimo gobierno boliviano trata de emancipar a sus gobernados, buscando ahora su soberanía real, buena parte de los organismos internacionales se llevan las manos a la cabeza. Javier Solana (Alto Representante para la Política Exterior y de Seguridad Común de la Unión Europea, ex director de la OTAN y ex ministro de cultura del gobierno español con Felipe González), en tono amenazante, le recuerda a Evo que se comporta justo de manera contraria a sus “recomendaciones”, y no descarta recurrir a las sanciones económicas. El gobierno español, en boca del viceministro segundo y ministro de Economía y Hacienda, Pedro Solbes, mostró igualmente su enorme descontento ante el anuncio nacionalizador de los hidrocarburos bolivianos, y habla de exigir indemnizaciones. Comportamiento similar esgrimió, éste individuo, cuando el gobierno boliviano exigió al grupo español BBVA y al suizo Zurich Financial Services la transferencia gratuita de las acciones que administraban en tres empresas petroleras.

A ninguna empresa explotadora de los recursos naturales se le ha expulsado del país. Las empresas no se expropian, no se confiscan sus bienes, tan sólo se les ha instado a renegociar los actuales contratos por otros más lógicos y justos. Y para eso se les ha dado un plazo de 180 días. Por supuesto que si no aceptan las nuevas condiciones tendrán que irse a saquear a otra parte, porque a pesar de arrogarse segura imprescindibilidad, para extraer y procesar los hidrocarburos, distan mucho de serlo. ¡Como si Evo Morales y sus compañeros del gobierno fuesen bobos! ¿Acaso se creen que no existen otras posibilidades y otras empresas para suplirlos, en caso de que su estúpida soberbia no les permita trabajar con la nueva y esperanzadora realidad boliviana?

Como todo el mundo sabe, hasta ahora las condiciones gananciales eran totalmente desproporcionadas. Repsol-YPF se llevaba el 82% y Bolivia, que aportaba toda la preciada materia prima, el exiguo 18%, que, además, no revertía en el total de la población, sino en el bolsillo de unos pocos privilegiados. ¿Cómo, si no, el segundo país más rico en recursos naturales de América Latina y el Caribe puede llegar a ser, tras Haití, el segundo más pobre?

Fiel a sus principios y a su pueblo que lo eligió, el gobierno boliviano se apresta a hacer justicia invirtiendo las ganancias: el 82% para Bolivia y el 18% para las empresas foráneas. Además exige convertir al Estado en el máximo socio de las empresas extranjeras, con un 51% de las acciones. Los gobernantes bolivianos no son tontos; han hecho números, han estudiado exhaustivamente el caso, y saben perfectamente que con el 18% ofrecido a las actuales empresas de fuera, a éstas la explotación les sigue siendo muy rentable todavía. Según los estudios realizados, recuperadas sus inversiones, con el citado por ciento que se les ofrece aún les queda una rentabilidad de la producción de entre el 20 y 25%. ¡Cuanto no habrán robado descaradamente hasta la fecha!

Llama la atención, aunque no constituya ninguna sorpresa, cómo el gobierno español defiende a la multinacional (habría que decirle al citado ejecutivo que la defensa de sus gobernados está muy bien siempre que sus intereses sean legítimos, requisito indispensable que en este caso concreto brilla por su ausencia, como se verá más adelante). “Tenemos el deber de defender los intereses de los españoles” (dicen para tratar de justificar su miserable postura). Pero ¿de qué españoles hablan?, ¿a qué españoles se refieren? Si un ciudadano del Estado español abre una tienda de caramelos en algún lugar del mundo y, al cabo de un tiempo, tiene que cerrarla por equis problemas con las autoridades locales, ¿va a enviar nuestro “insigne” gobierno con carácter de urgencia a una delegación para tratar de solventar el problema? Esto es lo que hizo cuando el primero de mayo Evo Morales anunció la nacionalización de los hidrocarburos.

La empresa Petrobras cuenta con capital privado y capital del Estado brasileño. En esa lógica entiendo, aunque no comparto, que el gobierno de Brasil defienda a la citada empresa, porque de alguna manera está defendiendo sus propios intereses. Pero, ¿por qué si el gobierno de España es “socialista” y no tiene como Estado capital invertido en Repsol-YPF, defiende de enconada manera los intereses de una empresa privada en detrimento de un gobierno y de un pueblo que, por socialista, debiera ser hermano? ¿Acaso ciertos miembros del gobierno español tienen, a título personal, capital invertido en Repsol-YPF y por eso defienden su injusta y prepotente postura? ¿O es que, como multinacional con sede en España, Repsol-YPF goza de todos los privilegios en Bolivia, pero paga sus más importantes impuestos en Madrid? El “socialismo” del PSOE no es el socialismo del MAS, eso es evidente.

El gobierno español, tan legalista como es (excepto cuando no le conviene, claro), está defendiendo una causa totalmente amoral, por injusta (favorece conscientemente a que los ricos sean cada vez más ricos en detrimento de los pobres que cada vez son más pobres),1 e indiscutiblemente ilegal, puesto que la Constitución boliviana exige que cualquier concesión de los recursos naturales de la nación a empresas extranjeras debe ser aprobada por la mayoría del parlamento; y en 1996, cuando el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada privatizó la totalidad del negocio de los hidrocarburos, lo hizo sin someter la privatización a votación de los parlamentarios. Por si fuera poco, los contratos firmados fueron confidenciales. ¿Por qué los ocultaron deliberadamente a la población? ¿Por qué el legalista gobierno español y la “oposición” de ese país no denunciaron, en su momento, tan grave delito? ¿Dónde estaban entonces también los organismos internacionales?

No es esta la única incursión ilegal de la compañía petrolera. Cuando inscribieron las reservas de Bolivia en la bolsa de valores, ellos no solamente inscribieron las reservas comprometidas para la venta que ya tenían contratos, sino que inscribieron las reservas por encima de esas reservas comprometidas para la venta, y eso también es una violación de la Constitución boliviana.

Otro caso oscuro, que habla bien poco a favor de Repsol-YPF y de quienes tan enconadamente la defienden, es que en marzo de 2006 el presidente y el jefe de operaciones de aquella empresa en Bolivia fueron detenidos (tras haber permanecido cierto tiempo en paradero desconocido) por un posible delito de contrabando de petróleo, cuyo valor se cifra en 7,3 millones de euros. Y aunque el Tribunal Constitucional dictaminó la ilegalidad de la detención, y los dos altos cargos fueron puestos en libertad, todavía quedan causas pendientes contra la empresa.

Por otra parte, Milena Aracely Hinojosa, diputada del MAS, acusó a la filial de la petrolera Repsol-YPF Gas de Bolivia de haberse beneficiado de subsidios irregulares en la distribución de bombonas de gas licuado para uso de la población entre los años 2002 y 2004 por valor de 29,5 millones de euros. La estatal Pecagas, por ejemplo, no pudo acogerse a las subvenciones, mientras que Repsol-YPF logró su permiso sin mayores problemas.

Se sospecha también de un posible ajuste de precios sobre el gas vendido a Brasil, realizado mediante un supuesto contrato ilegal subscrito por Andina (filial de Repsol-YPF en Bolivia) y Petrobras. La existencia de este contrato habría provocado pérdidas económicas al Estado boliviano por no menos de 125 millones de euros. La Fiscalía ya ordenó el registro de la central de la filial, y de momento concluyó su actuación con la detención del auditor de la compañía, Saúl Carlos Encinas.

Estos tres últimos casos no están aclarados todavía, pero son, sin duda, altamente sospechosos y significativos.

Especialmente ridículas y rastreras fueron las “reflexiones” realizadas por muchos de los (auto)denominados “intelectuales de izquierda”. Anunciada la nacionalización de los hidrocarburos por parte de Evo Morales (que no debería haber sorprendido a nadie, puesto que éste ya dejó bien claro mucho antes de las elecciones que si llegaba al poder iba a nacionalizarlos), éstos “rojos desteñidos” y deslumbrados por el sol del poder capitalista no cesaron de disparar desde sus cómodas y poderosas trincheras. Todos sus interesados disparos salpicaron durante días: “la nacionalización de los hidrocarburos es perjudicial para Bolivia, y va a sumir a su población en la pobreza”.

Está claro que la vergüenza quedó desterrada hace mucho tiempo de sus sentimientos. ¿Acaso la población boliviana no está desde hace siglos sumida en la pobreza? Recordemos otra vez que Bolivia es el país más pobre de América Latina (el segundo si incluimos a la región del Caribe), y eso es ser muy, pero que muy pobre. De modo que, en el supuesto de que no se cumplan las esperanzadoras expectativas, ¿tienen realmente algo que perder los bolivianos? ¿Merece la pena, o no, esforzarse en el intento?

Las respuestas, creo, son obvias. En cualquier caso, repasemos estos esclarecedores datos: Los últimos cuatro años antes de la capitalización, la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) mantenía la economía del país aportando 400 millones de dólares, como promedio, al Tesoro General de la Nación. En cambio, tras la privatización, las empresas extranjeras sólo aportaron entre 80 y 120 millones de dólares durante los primeros años, y nunca superaron los 200.

Como se puede observar, la cantidad aportada por la YPFB siempre fue muy superior a la de las empresas extranjeras. Pero es que, además, con las nuevas medidas el Estado espera recaudar anualmente unos 618 millones de dólares más que cuando gobernaba Sánchez de Lozada. ¿Alguien en su sano juicio puede sostener todavía que la nacionalización es perjudicial para el país y que va a sumir a la población en la pobreza? Sólo puede empecinarse con esa trasnochada teoría algún despistado o ignorante y, sobre todo, la privilegiada minoría local y extranjera que con el nuevo gobierno y sistema ven reducidos a escombros sus hasta ahora enormes e injustos privilegios.

Pero eso no es nada nuevo. Pasó en Cuba en 1959, donde los únicos descontentos con el triunfo de la Revolución fueron los oligarcas nacionales y extranjeros; pasa todavía en la Venezuela Bolivariana… y pasará allá donde cualquier proceso auténticamente revolucionario y socialista trate de sustituir al modelo neoliberal que tantos estragos y sufrimientos causa.

Los bolivianos tienen todo el derecho del mundo a elegir el sistema político económico y social que ellos consideren oportuno (ya lo eligieron), y todo el mundo tenemos la obligación de no inmiscuirnos en sus asuntos internos. Esto lo digo yo, y lo dice también el derecho internacional.

Desde la llegada de los españoles, Bolivia ha sido siempre una tierra castigada y convulsa en extremo. En 181 años de “independencia” ha tenido nada más y nada menos que 190 presidentes.

Los españoles arrasaron durante siglos, pero no fueron la única banda de ladrones y criminales que asolaron al país andino.

En la llamada Guerra del Pacífico (1879-1883) Chile invadió Bolivia y Perú. Con la agresión bélica buscaban (y encontraron) apoderarse de los ricos campos de nitratos del desierto de Atacama, que por aquel entonces era territorio de estos dos países. Éste fue el motivo por el cual Bolivia, despojada de sus tierras occidentales, también perdió su salida al mar hasta hoy todavía no recuperada.2 Sólo el “Tratado de Amistad” con Perú de 1992 le permite acceder al Pacífico por dos zonas libres. También Chile, en cuanto tuvo conocimiento de su existencia se apoderó de los depósitos de cobre más ricos del mundo, situados éstos en los Andes bolivianos.

Con las minas de plata en decadencia, en 1927 el estaño y otros productos primarios representaron el 94% de las exportaciones de Bolivia. Simón I. Patiño y Carlos Aramayo, ambos nacidos en el país andino, y Mauricio Hochschild, nacido en Europa, se convirtieron en los mayores productores del estaño boliviano. Conocidos éstos como los “Tres Grandes”, y debido a sus tratos financieros con dueños y refinerías fuera del país, la mayor parte de la industria del estaño cayó bajo dominio extranjero. Norteamericanos, chilenos, ingleses, suizos y alemanes fueron los principales beneficiarios, tratando a los nacionales como si fueran esclavos. Los dos mayores propietarios extranjeros fueron la América Smelting and Refining, de Guggenheim, y la internacional Mining Company, de W. R Grace. La más importante refinería de estaño boliviano fue trasladada de inglaterra a Perth Amboy, Nueva Jersey, y a Brooklyn, Nueva York. Por su parte, Patiño instaló la sede de su empresa en Delaware, en 1924, retirándose al hotel Waldorf Astoria de Nueva York. A partir de entonces visitó su país natal en contadas ocasiones.

Bolivia cuenta en su desgarrada historia, también, con la “Guerra del Chaco” (1932-1935) librada con su vecina Paraguay. La matanza fue provocada por petroleras rivales estadounidenses e inglesas, que buscaban el control de las tierras fronterizas y supuestamente ricas en petróleo. Al final de la contienda, Bolivia había perdido unos 518.000 km2 de su territorio. La insaciable codicia de la Standard Oil (Esso), de Nueva Jersey, y la Royal Dutsh Shell provocó la guerra, y Bolivia y Paraguay fueron los que pusieron los muertos: 50.000 y 40.000 respectivamente.

También Estados Unidos tuvo gran responsabilidad en el fracaso de la Revolución de 1952, que había nacionalizado las minas y proclamado la reforma agraria. Asfixiado por la mala economía, el Movimiento Nacional Revolucionario en el gobierno (MNR) cometió el grave error de recurrir a la “ayuda” norteamericana. El precio que tuvieron que pagar, como no podía ser de otra manera con los yanquis por medio, fue caro en exceso. Y es que buscar amparo amigo en el gobierno de Estados Unidos es encontrar justo lo contrario. Esto no es una suposición, sino una constatación histórica. Los campos petroleros tuvieron que abrirlos a las compañías extranjeras, los campesinos fueron desmovilizados y desarmados los trabajadores… Y con esta favorable situación Estados Unidos se encargó de armar y entrenar al ejército represor a su medida y semejanza.

Finalmente, un golpe militar a cargo del general René Barrientos (esto sucedió el 4 de noviembre de 1964) acabó con los doce años del MNR en el poder y con la llamada Revolución de 1952.

Con Barrientos (1964-1969) dio paso a un período de 18 años de gobierno militar, cuyos sanguinarios oficiales fueron igualmente entrenados y mandados por los diferentes gobiernos estadounidenses. El Che, por ejemplo, herido y capturado el 7 de octubre de 1967 en la Quebrada del Yuro, cuando organizaba una guerra de guerrillas con el propósito de combatir a la tiranía y extender la lucha a toda América Latina, fue asesinado dos días después por orden de Barrientos, quien a su vez cumplía ordenes del gobierno de Estados Unidos.

La década de los 80 tampoco fueron tiempos favorables. Obviamente, los llamados “paquetes económicos” “recomendados” por el FMI no resolvieron nada, sino todo lo contrario. En 1986, el presidente Paz Estensoro destinó el 36% del presupuesto de la nación a pagar la deuda externa y el 22% a la defensa. El austero programa económico, llamado NEP, degradó aún más la vida de los bolivianos. Las cínicas e insultantes palabras de quien diseñara dicho programa, Jeffrey Sands, de Harvard, ilustran muy bien ese período: “Yo siempre les he dicho a los bolivianos […] que si son valientes, si hacen todo bien, terminarán por tener una economía miserable y pobre con precios estables”.

En los años 90 el Banco Mundial y el FMI, con la imposición de sus famosos y destructivos ajustes estructurales, hundieron la economía del país mucho más, si cabe, de lo que ya estaba. El programa de privatización afectó también, cómo no, a los hidrocarburos que, como ya ha quedado dicho, fueron privatizados en 1996 y de manera ilegal por Sánchez de Lozada. Y esa siempre ha sido una constante en la historia boliviana: la recuperación y la pérdida, con sus fatales consecuencias, de los recursos naturales por parte del pueblo.

El 2003 fue un año especialmente convulso. Durante la llamada Guerra del Gas 70 personas fueron asesinadas por la policía (el gobierno de Aznar envió una partida de 80 millones dólares destinadas al ejército para reprimir las movilizaciones populares). Una vez más, los movilizados exigían la nacionalización de los hidrocarburos (del gas en este caso concreto). Después, en 2004, el presidente sustituto (Carlos Mesa, 2003-2004) convocó a la población a referéndum con el resultado del 92% de los votos a favor de la recuperación de sus recursos naturales. Mesa, sin embargo, obvió la contundente demanda, y continuaron las movilizaciones. Seis meses más tarde de su forzada dimisión, la mayoría del pueblo delegó en el MAS y en Evo Morales la dirección del país, y éste, de inmediato, se dispuso a cumplir su programa electoral: erradicó casos de corrupción, se rebajó el sueldo y el de toda la administración a menos de la mitad, aumento el salario mínimo… e inició la Reforma Agraria entregando la tierra a los campesinos.

El pasado 2 de julio (y esto también fue una promesa electoral) el pueblo fue convocado a elecciones a la Asamblea Constituyente, que desde el 6 de agosto está inmersa en la elaboración de una nueva Constitución; herramienta indispensable para acometer los cambios necesarios que la actual Carta Magna no permite o limita.

El pueblo boliviano cuenta con poderosos enemigos locales y extranjeros que obstaculizan (ya trataron de sabotear la candidatura de Morales durante la campaña electoral) y obstaculizarán el nuevo proceso de cambio, pero no está solo. Cuenta con infinidad de pueblos amigos en todo el mundo y, sobre todo, goza de la enorme y desinteresada ayuda de dos sólidos y experimentados puntales: Cuba y Venezuela. La mano de estos dos pueblos, hace rato tendida, ya está produciendo sus primeros frutos (recordemos, por ejemplo, el acuerdo de cooperación firmado por Evo y Fidel que, a buen seguro, no es más que el punto de partida).

El sueño de Bolívar, San Martín, Sucre, Martí… comienza a dejar de ser sueño para acercarse a la realidad. La “Patria Grande” reivindica su existencia. “Nuestra América” renace, la “América Mayúscula” respira, y además lo hace caminando decidida por un sendero cuya “manigua” nunca antes estuvo tan “chapeada”. Hay que seguir desbrozando maleza, sin embargo. Es tiempo de lucha, no de triunfalismo; aunque, si bien es cierto, también de justificada esperanza.

Desde abril de 2006 la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) cuenta con la adhesión de Bolivia. Ya son tres los países que la integran, y, visto el actual panorama latinoamericano, es muy probable que próximamente haya nuevas incorporaciones.3

Puesta en marcha por Cuba y Venezuela, la ALBA fue creada para contrarrestar al destructivo e inhumano Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el cual, impulsado por Estados Unidos (aunque debido al rechazo de los pueblos no consigue ponerlo en marcha), sólo sirve para seguir enriqueciendo al imperio a costa de condenar para siempre al subdesarrollo a los países de América Latina.

La ALBA, como indica la unión de sus cuatro letras, es el puente entre la noche oscura y el día. Bolivia ya camina por encima de las turbulentas aguas neoliberales hacia la otra orilla.

2006 / 09

P. D.:

Agotado el plazo de 180 días, el gobierno boliviano ha alcanzado un acuerdo con las compañías petroleras que operan en el país. El acuerdo se cerró el sábado 28 de octubre, y fue firmado por estas diez empresas: Petrobras-Bolivia y Petrobras Energía (brasileñas); Repsol YPF y su filial Andina (hispano-argentinas); British Gas y Chacón, del grupo British Petroleum (británicas); Pluspetrol y Matpetrol (argentinas); TotalFinaElf (franco-belga) y Vintage (estadounidense). Petrobras y Repsol, que controlaban el 47% y el 27% respectivamente del mercado boliviano del gas, fueron los últimos en suscribir los nuevos convenios.

Con el nuevo acuerdo, las multinacionales deberán remitir a la estatal YPFB toda su producción de hidrocarburos, para ser remuneradas después, según las cláusulas de sus correspondientes contratos, por un valor de entre el 18% y el 50% de las cantidades extraídas. Será la YPFB, también, quien comercialice el gas y marque los volúmenes y los precios de los productos, tanto para el mercado interior como para el exterior.

En palabras de Evo Morales, “de acá a cuatro años, sólo de los hidrocarburos, estarán ingresando [a las arcas del Estado] más de 4.000 millones de dólares, y creo que, de esta manera, resolveremos nuestros problemas económicos y sociales”.

La aceptación de los nuevos convenios, por parte de las multinacionales, demuestra con creces que, con los anteriores gobiernos, además de vulnerar las leyes bolivianas, ganaban unas cantidades de dinero totalmente injustas y desproporcionadas.

NOTAS

1.- El comportamiento del gobierno español y de su partido para con el pueblo boliviano no es casual ni gratuito. Sus intereses económicos son antepuestos al bienestar de los bolivianos, no importándoles que estos puedan seguir sumergidos en la miseria si este lamentable hecho les aporta pingües beneficios. Esa es su política habitual en toda América Latina, como lo demuestran estos ejemplos:

En la pasada campaña electoral de Perú (junio de 2006), la secretaria de Relaciones Internacionales del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Trinidad Jiménez, expresó su apoyo a Alan García Pérez, quien finalmente ganó las elecciones, aunque con escaso margen sobre Ollanta Humala.

Conviene recordar, para saber a quién y qué apoyó el gobierno español, que el aprista García ya había presidido Perú entre 1985 y 1990, terminando su mandato con la economía colapsada, haciendo desaparecer el poder adquisitivo de los peruanos con una inflación acumulada del 7.600%. Fue también, en 1986, el responsable de la matanza de más de 250 presos en tres cárceles limeñas, y en 1992 pasó a la clandestinidad, exiliándose en medio de acusaciones de enriquecimiento ilícito.

Según datos oficiales, actualmente Perú cuenta con más de 14 millones de pobres (el 54% de la población), y la indigencia afecta a más de 7 millones de personas (niños, mujeres y ancianos en su gran mayoría). El PSOE, a través de su secretaria de Relaciones Internacionales, apoyó el continuismo que representa Alan García, o lo que es lo mismo, el hambre y la miseria creciente que padece la mayoría de los peruanos.

El segundo ejemplo se refiere a las elecciones mexicanas del 2 de julio de 2006, donde según el Instituto Federal Electoral (IFE), Felipe Calderón ganó con una diferencia del 0,58% de los votos sobre su más inmediato adversario. Sin embargo, ante un más que probable fraude atribuido al Partido de Acción Nacional (PAN) de Calderón, la coalición Por el Bien de Todos (PBT) de Andrés Manuel López Obrador impugnó formalmente las elecciones en 152 distritos (unas 52.000 mesas electorales) exigiendo el recuento voto por voto. De modo que, hasta que el Tribunal Electoral Federal (TRIFE) no resuelva las impugnaciones, no declarará oficialmente al futuro presidente.

El gobierno español, a pesar de todo lo comentado, ya se ha adelantado a los acontecimientos felicitando y reconociendo al derechista Calderón por su todavía inexistente victoria; la Unión Europea y Estados Unidos hicieron exactamente lo mismo.

P. D.: Finalmente, Calderón ha sido declarado vencedor de las elecciones sin haberse recontado todos los votos. López Obrador, que ha formado un gobierno paralelo, no reconoce su victoria, y, por si quedaba alguna duda, Rodríguez Zapatero ha vuelto a felicitar al fraudulento derechista.

2.- Declaración sobre Bolivia

La centenaria lucha del pueblo boliviano por recuperar su salida al mar ha concitado respaldo en la opinión pública y la comunidad internacional, especialmente en América Latina.

Durante la Cumbre Social Alternativa realizada en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el pasado mes de noviembre, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, apoyó en varias oportunidades ese derecho y expresó su intención de difundirlo en todos los foros internacionales.

El presidente Chávez, con la autoridad moral de encabezar la Revolución Bolivariana que encarna los ideales del Libertador Simón Bolivar, creador de la República de Bolivia, y que tanto luchó por una América Latina libre, independiente y unida, ha reclamado solidaridad con esta noble causa. En su reciente visita a Venezuela, nuestro presidente Fidel Castro les dio el firme respaldo del pueblo de Cuba.

La Asamblea Nacional del Poder Popular de la República de Cuba declara su plena solidaridad con la firme y noble posición del presidente Chávez.

Ciudad de La Habana, 25 de diciembre de 2003

“Año de Gloriosos Aniversarios de Martí y del Moncada”

3.- Tras las victorias electorales de René Preval en Haití, Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador, éstos han anunciado su intención de ingresar a la ALBA a sus respectivos países. (Nicaragua y Ecuador ya se incorporaron, y, en el transcurso de la última cumbre, también Dominica se ha sumado a la alternativa integradora).


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: