31 de diciembre

 UNO

            -Mira quien viene –dijo de pronto mi hembrita desde el balcón del apartamento.

Y yo, curioso, me asomé apoyado en la barandilla dejando sobre la mesa el libro –Oficio de Ángel de Miguel Barnet- que placidamente leía en ese momento.

            Una cuarta planta en La Siberia no queda tan lejos del suelo, pero existe cierta distancia que, unida al factor sorpresa, pueden convertir lo evidente en algo confuso.

            Venía mi cuñada. Con su inconfundible y elegante caminado, a la trigueña sí la reconocí al instante. Al otro lado de la carretera se hallaba parqueada una guagüita blanca, de donde al parecer se había bajado.

            -¿Y esa cantidad de hombres que vienen junto a ella?

            -Son nueve –puntualizó la divulgadora de la noticia.

            -Creo que tienes razón –dije haciendo un rápido recuento.

            -Lemay viene entre ellos.

            -¡Coño, pues es verdad!

            No había tenido casi tiempo de asentir y el propio aludido, ya cruzada la carretera, nos saludó desde abajo agitando las manos por encima de su cabeza.

            Le devolvimos el saludo. Cuando al entrar en el portal les perdimos de vista, giramos 180 grados a nuestros cuerpos, cruzamos la sala y abrimos la puerta del apartamento para recibir de buen grado a la inesperada visita.

            Los abrazos y los saludos, junto a las palabras que habitualmente se utilizan en estos casos, fueron los protagonistas de los primeros minutos. (más…)

Publicado en on Agosto 5, 2009 at 10:16 am Dejar un comentario

La Democracia asesinada*

Hace unos días me topé con la Democracia. Vestía harapos y la vi extremadamente delgada, pálida y ojerosa. Miraba con cierto desespero en el interior de un container de la basura, probablemente en busca de algo que llevarse a la boca. Pero la búsqueda resultó infructuosa: ni los desechos alimenticios de los “demócratas de toda la vida”, siempre tan abundantes, estaban al alcance de su mano.

            Se fue del apestoso lugar. La seguí preocupado y procurando no ser visto, y, tras caminar durante un kilómetro aproximadamente, se detuvo casi de repente ante un flamante edificio. Era el “Palacio de Justicia” lo que teníamos enfrente. Al menos así informaba el rótulo situado junto a la puerta principal, aunque una mano anónima y ocurrente se había encargado de contradecir a dicha información, añadiendo delante de la jota de Justicia una i y una n, de modo que a partir de entonces realmente se leía: “Palacio de inJusticia”. (más…)

Adael

A Yamila y a Mariluz que,
aunque en ella no aparecen,
también protagonizaron esta historia.
Al personal médico y humano del Hospital Clínico
Quirúrgico “Lucía Íñiguez Landín” de Holguín.

Coño, Adael, no me jodas. Cierto que fui yo quien te hizo la pregunta y que tú tan sólo te limitaste a contestarla. Pero lo hiciste con tremenda naturalidad -sonrisa envidiable incluida- y eso fue lo que mató, lo que de verdad me dejó hecho un carajo.

No estábamos ni fiestando ni en la playa, sino en el Hospital Clínico Quirúrgico de Holguín, piso quinto, sala C. Hacía unos días que había llegado hasta allí para cuidar a un enfermo y mal-dormía sentado en un balance cuando, de pronto, la mano de una enfermera accionó el interruptor de la luz ametrallando despiadadamente las pupilas de mis ojos, que a duras penas pudieron captar la información ofrecida por las manecillas de mi reloj: tres y media de la mañana.

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Publicado en on Julio 9, 2008 at 10:43 am Dejar un comentario

Caprichos del azar

Antes de nada, debo reconocer que soy un poco rarito, porque ¿a qué cubano no le gusta el béisbol? A mi lo que realmente me divierte de este deporte es observar cómo los incondicionales del mismo disfrutan viendo sus partidos. ¿Verdad que el comportamiento mío es un tanto extraño? Sí, lo reconozco, pero ¿qué le voy a hacer…? Por más que me empeñe y me expliquen los entresijos del juego, no acabo de entenderlo y mucho menos de disfrutar con, al parecer, tan impresionantes jugadas. (más…)

Publicado en on Junio 28, 2008 at 9:25 am Dejar un comentario

El pajarillo

-No, no os voy a comprar un pájaro y una jaula -dijo con cara de adversas circunstancias un padre a sus hijos-. Por contra, os contaré el por qué de mi tajante actitud.

Como todo el mundo, yo también tuve durante trescientos sesenta y cinco días vuestra corta edad. Por aquel entonces, un mal día -entonces creí que era bueno- llegó un tío mío a pasar una temporada en nuestra casa; vivía fuera, tenía vacaciones y quería dedicarlas a convivir con nosotros. (más…)

Publicado en on Junio 25, 2008 at 10:12 am Dejar un comentario

Carcajadas

Todo eran risas y carcajadas en aquel hombre que un día encontré parado en la acera de una ruinosa calle. Me llamó mucho la atención, por lo que me detuve sin que él me viera a observarle durante un buen rato. Se reía de otro hombre que presumiblemente se encontraba en la otra acera, al otro lado del asfalto.

            “¡Feo! ¡Desgraciado! ¡Monigote!…”, envalentonado le gritó el primero al segundo.

            Continué observando sin ser visto, cuando el receptor de los insultos desapareció repentinamente. Justo al mismo tiempo el insultador, todavía con la sonrisa dibujada en su demacrado rostro, reanudó la marcha por el camino que no sé a dónde le conducía.

            Había permanecido largo y tendido rato delante de un reflectante escaparate, sin haberse dado cuenta de lo mucho que se había insultado a sí mismo.

Publicado en on Mayo 30, 2008 at 8:13 am Dejar un comentario

Aquel tiempo ya pasó

Aquel tiempo ya pasó. No sé si te has dado cuenta, pero ya no vamos juntos al cine ni al teatro… ni tratamos de divertirnos con las bonitas mujeres que a menudo encontrábamos en nuestro entorno de recreo habitual, ya fuera solos o acompañados de otros amigos. Tampoco intercambiamos opiniones acerca de los acontecimientos más relevantes de la sociedad tan hipócrita en que ¿vivimos?, ni música ni libros… ni alegrías ni tristezas. (más…)

Publicado en on Mayo 29, 2008 at 9:40 am Dejar un comentario