Hace ya muchos años realicé un largo viaje, pero no me pregunten dónde estuve. No es que no quiera contarlo, lo que sucede es que, por olvido, ni yo mismo lo sé. Sin embargo sí me acuerdo, aunque muy vagamente, que antes de partir me sentía bastante harto y aburrido por no salir casi nunca de mi entorno habitual; en realidad viajaba muy a menudo a través de los sueños, pero en muy pocas ocasiones lo hacía físicamente.
Es evidente que me conocía la cara de toda la gente que andaba por la calle, lo cual quiere decir que, para los ojos de aquella, el mío tampoco era un rostro desconocido; y, aun no teniendo nunca nada que ocultar, esa lógica certeza me desconcertaba enormemente. (más…)






