En la mañana de tarde
baja las escaleras
hacia arriba
diciendo al que no está:
hola, buenos días.
Recoge la correspondencia
que no ha recibido
y, mientras lee y toma el desayuno,
bosteza a la vez que libera
sus largos cabellos.
Se desbotona la camisa,
pues presiente que se ahoga,
que se queda sin aliento,
que se agita su café
con el frágil movimiento.
Ella está desnuda ante el espejo,
ella cierra la ventana de sus ojos
tras mirar por última vez la fotografía.
Antes de sonreír
se limpia los dientes.
(Tomado del libro Vaho en el cristal)




